¿Te volverías androide un rato?

¿Te volverías androide un rato para llevarte bien con tus colegas de la oficina, o quizás tus suegros? Tal vez en un futuro, con un elegante artefacto tecnológico disfrazado de joyería, esto pueda ser posible.



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Luz, genética y acción ¿la receta para el control mental? Tranquilos, aún no hay control mental, nadie me está obligando a escribir lo contrario ni tampoco viene Morfeo a ofrecerme la pastilla roja o azul. Lo que sí es una realidad es que unos científicos programaron ratones para que sean amigos usando implantes cerebrales estimulantes de neuronas.

Difícilmente esta noticia no funcione como leña para los conspiradores que creen que vivimos en la matrix o somos un complejo juego de Sims. De ser esta última, mi jugador aún no conoce el truco Motherlode \(\).

Volviendo a lo interesante, los investigadores han aumentado los vínculos sociales entre los ratones mediante el uso de implantes cerebrales que producen luz. Los cerebros humanos son ciertamente más complejos y más difíciles de controlar que los de los roedores, pero el trabajo plantea la posibilidad de usar la tecnología para mejorar la mezcla social, potencialmente, les guste o no a los sujetos.

Para entender de qué hablamos, vamos a hacer una pequeña pero increíble introducción:

¿Qué es la Optogenética y para qué sirve?

La optogenética combina métodos ópticos (destellos de luz provenientes de un láser o un LED) con métodos genéticos para transferir a un grupo especí­fico de neuronas señales que sintetizan compuestos microbianos sensibles a la luz (llamadas opsinas). Ésta es una tecnologí­a de vanguardia que inició su desarrollo en el 2005 por el Dr. Karl Deisseroth de la Universidad de Stanford; en el 2010 la revista Nature Methods lo nombró el método más importante del año. Nos permitirá identificar a las poblaciones celulares implicadas en diversos padecimientos y apoyará la búsqueda de nuevos tratamientos.

Todos conocemos moléculas que pueden activarse en respuesta a la luz, como la clorofila que se encuentra en las plantas, o las rodopsinas en los conos de la retina. Las que se emplean en los modelos optogenéticos suelen proceder de bacterias, y pueden ser de varios tipos, pero en general constituyen lo que se denomina canales iónicos. Es decir, que cuando se activa esta proteí­na se abre un poro en la membrana en la que se encuentra embebida y permite el paso especí­fico de iones a través de la membrana de la célula en cuestión. Así­, dependiendo del tipo de canal iónico que expresemos en una neurona podremos hacer que ésta se active (si el canal es de calcio o de sodio) o que se inhiba (si es de potasio).

El siguiente paso consistirá en secuenciar el gen que tiene la información que se codifica en las bacterias para aquellos canales e insertarlo en las neuronas que nosotros mismos queramos. Esto se consigue inyectando un virus en el cerebro de los animales. Estos virus, conseguidos por medio de ingenierí­a genética, transportan no solamente la información genética primordial para crear la proteí­na deseada, sino además una sucesión (denominada promotor) que posibilita que dicha proteí­na se exprese sólo en las neuronas que nosotros mismos queramos (si no, correremos el peligro de que la proteí­na se insertase en cualquier célula del organismo). Cuando poseemos a nuestro animal expresando la proteí­na que querí­amos y en los tipos neuronales deseados, el siguiente paso va a ser activar aquellas proteí­nas. ¿Cómo hacerlo? Puesto que implantando al animal, un cable de fibra óptica por medio de cirugí­a, para que llegue hasta la zona del cerebro cuya actividad deseamos modular. El siguiente paso consistirí­a en conectar dicha fibra óptica a una fuente de luz. Desde ahí­ ya todo se basa en encender o apagar la luz y medir lo cual se nos antoje.

En el ensayo con los ratones, lograron evitar usar cables para que estos no condicionen la movilidad durante el experimento. Los investigadores en lugar de activar neuronas asociadas con movimientos o sentidos particulares, como en el pasado, activaron neuronas en las partes del cerebro asociadas con la socialización.

En un experimento, se emparejaron ratones desconocidos y se estimularon sus cerebros simultáneamente. Casi la mitad de las parejas de ratones participaron en comportamientos sociales como acicalarse y olfatear con extraños.

Cuando los ratones recibieron señales no sincronizadas, solo una cuarta parte de las parejas de ratones interactuaron y lo hicieron durante un período más corto.

Un segundo experimento colocó a los ratones juntos en grupos de tres, con las neuronas de dos de los ratones activadas simultáneamente en la misma frecuencia mientras el tercer ratón tenía una frecuencia diferente. Los dos que estaban operando en la misma frecuencia interactuaron entre sí más que con el tercer ratón.


Parece ciencia ficción con planes de dominar el mundo, pero es ciencia. “La optogenética pronto podría usarse para corregir la ceguera o revertir la parálisis”. Los probables beneficios podrían extenderse al tratamiento de enfermedades mentales. Es un campo científico emergente que explora nuevos métodos para tratar ciertos padecimientos neurológicos como el Parkinson, Tourette e incluso enfermedades de pérdida integral en la función como la enfermedad de Huntington.

Sin embargo, es fácil imaginar los esfuerzos de resistencia que enfrentarán para aplicar la optogenética a los humanos. Después de todo, si las personas se oponen a las vacunas argumentando falsamente que podrían contener microchips para controlar nuestro comportamiento, algo que está mucho más allá de nuestra capacidad tecnológica, imagine la respuesta cuando alguien realmente intente realizar experimentos con control mental, que en realidad podrían funcionar, haciendo que las personas se comporten de formas que se consideren socialmente más deseables. ¿Quién no querría erradicar enfermedades mentales, la discriminación o hacer que tu perro le deje regalitos a ese vecino maravilloso que amarías que se mudara de país?

Y ustedes, ¿se animarían?




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Marco Sottile

Autor

Marco Sottile

Licenciado en Biotecnología y Biología Molecular